Artículo de Sergi Mussons

Me gustaría pedirte que pienses en cómo definirías liderazgo. Cierra los ojos y no sigas leyendo, piensa como explicarías a tu hijo o hija qué significa liderar.

La mayoría definimos liderazgo como la capacidad de conseguir que tod@s hagan lo que hay que hacer. Pero no es eso. Esa es la definición de mando. Fijaos en estas dos definiciones:

“Es el arte de influir sobre la gente para trabajar con entusiasmo en la consecución de objetivos”

(James Hunter)


«Liderazgo es el arte de conseguir que alguien quiera hacer lo que tú quieres que haga.»

(Dwight Eisenhower)

¿Veis la diferencia? No se trata de que tod@s hagan lo que hay que hacer, se trata que tod@s QUIERAN hacer lo que hay que hacer. Lo primero es mando, un niño pequeño puede hacerlo (y algunos lo hacen muy bien!), lo segundo es más difícil de conseguir.

En los últimos 10 años he interactuado con muchos directivos de todo tipo de empresas y sectores. Me he fijado que los profesionales que más éxito cosechan en su vida profesional son aquellos que lideran y no mandan. Y son pocos, muy pocos.

Much@s profesionales ponen el foco en el objetivo a conseguir. Y tienen energía y determinación para luchar por ello. Y no sólo eso, conocen bien lo que hacen (tienen gran experiencia y conocimientos) y ven con gran claridad hacia dónde van. Y ese es el problema. No tienen en cuenta a las personas. Este componente no es crítico en su lista de prioridades y por tanto no tienen tiempo para darles soporte. Pero es peor, porque sí que hay tiempo de controlar, monitorizar, exigir y hacer seguimiento del equipo para evaluar si consigue o no el propósito perseguido.

Las personas (¡incluido/a tú!) no queremos que a nuestros 30 o 40 años de edad nos sigan mostrando desconfianza y nos digan constantemente cómo hacer lo que hacemos cada día. Tampoco nos gusta que nos recuerden constantemente lo que hay que hacer sin darnos el tiempo para hacerlo. Todo esto nos reduce la energía hasta que llega un momento que desconectamos.
Cuando tu equipo ha desconectado es el principio del fin.

El primer efecto es una reducción drástica del rendimiento del equipo y por tanto de la competitividad de la empresa. ¿Y sabes tú que harás? Aumentar la presión al equipo y pedir más resultados.
Este es un círculo vicioso muy difícil de romper, porqué la actitud de cada parte refuerza el problema y los separa aún más.

¿Quieres tener éxito en tu carrera profesional? Sé un líder. Un líder pone delante de todo lo demás la implicación de su gente. Éste es el indicador más crítico de cualquier organización. Debes invertir tu tiempo en asegurarte que el entorno de trabajo de tu gente es favorable para que puedan estar implicados. Y no se trata de que tú puedas estar implicado, se trata de que ellos puedan estarlo. Empatizar es ponerte en la piel de los otros, siendo ellos, no siendo tú.

Los grandes CEO coinciden en todo eso y coinciden en la necesidad de disponer de tiempo en el objetivo principal a perseguir, las personas, un mínimo del 30% de tu tiempo. ¿Dispones de este tiempo? ¿Te acuerdas de que es lo más importante? ¿Prefieres priorizar otros elementos de menos impacto y menos importantes para la organización?

Explica con detalle tu visión, inspírales para que superen sus propios límites, da soporte real e incondicional a tod@s con humildad, no les digas cómo hacer las cosas a no ser que te pregunten por ello, ten paciencia y sé indulgente con sus errores, muéstrales tu aprecio y respeto, no prometas lo que no puedas cumplir y sobretodo déjales crecer y mantente en un segundo plano en sus responsabilidades.

Esto es lo que quieren, esto es lo que tú quieres, esto es lo que todos queremos y ese comportamiento es el que distingue un auténtico líder de un jefe del montón. ¿Quieres tener éxito? Ya sabes lo que debes hacer, ¡tú puedes!