Me gustaría pedirte que pienses en cómo definirías liderazgo. Cierra los ojos y no sigas leyendo: piensa cómo explicarías a tu hijo o hija qué significa liderar.
La mayoría definimos liderazgo como la capacidad de conseguir que todos hagan lo que hay que hacer. Pero no es eso. Esa es la definición de mando.
Liderar no es mandar
Fijaos en estas dos definiciones:
“Es el arte de influir sobre la gente para trabajar con entusiasmo en la consecución de objetivos” (James Hunter).
“Liderazgo es el arte de conseguir que alguien quiera hacer lo que tú quieres que haga” (Dwight Eisenhower).
¿Veis la diferencia? No se trata de que todos hagan lo que hay que hacer, se trata de que todos QUIERAN hacer lo que hay que hacer. Lo primero es mando, y hasta un niño pequeño puede hacerlo; lo segundo es mucho más difícil.
En los últimos 10 años he interactuado con muchos directivos de todo tipo de empresas y sectores, y me he fijado en que los profesionales que más éxito cosechan son los que lideran y no mandan. Y son pocos, muy pocos.
El problema: olvidarse de las personas
Muchos profesionales ponen el foco en el objetivo a conseguir. Tienen energía y determinación, conocen bien lo que hacen y ven con claridad hacia dónde van.
Y ese es el problema: no tienen en cuenta a las personas. No es crítico en su lista de prioridades y no tienen tiempo para darles soporte. Pero sí hay tiempo para controlar, monitorizar, exigir y hacer seguimiento del equipo.
Las personas (¡tú incluido!) no queremos que a nuestros 30 o 40 años nos sigan mostrando desconfianza y nos digan constantemente cómo hacer lo que hacemos cada día. Tampoco que nos recuerden sin parar lo que hay que hacer sin darnos tiempo para hacerlo. Todo esto nos reduce la energía hasta que desconectamos.
Cuando tu equipo desconecta es el principio del fin. El primer efecto es una caída drástica del rendimiento y, por tanto, de la competitividad. ¿Y qué harás tú? Aumentar la presión y pedir más resultados. Es un círculo vicioso muy difícil de romper, porque la actitud de cada parte refuerza el problema.
Cómo es un auténtico líder
¿Quieres tener éxito en tu carrera profesional? Sé un líder. Un líder pone por delante de todo la implicación de su gente: es el indicador más crítico de cualquier organización. Debes invertir tu tiempo en asegurarte de que el entorno de trabajo favorece que tu gente pueda implicarse. Empatizar es ponerte en la piel de los otros siendo ellos, no siendo tú.
Los grandes CEO coinciden en dedicar a las personas un mínimo del 30% de su tiempo. ¿Dispones de este tiempo?
Explica con detalle tu visión, inspírales para que superen sus propios límites, da soporte real e incondicional a todos con humildad, no les digas cómo hacer las cosas a no ser que te lo pregunten, ten paciencia y sé indulgente con sus errores, muéstrales tu aprecio y respeto, no prometas lo que no puedas cumplir y, sobre todo, déjales crecer y mantente en un segundo plano en sus responsabilidades.
Esto es lo que quieren, lo que tú quieres y lo que todos queremos. Y ese comportamiento es el que distingue a un auténtico líder de un jefe del montón.
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Artículo publicado originalmente en LinkedIn.
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