Hay mucho por hacer y mejorar en las empresas, esto seguro, pero en cualquier caso estos infinitos frentes no tienen el mismo peso e importancia.
Las personas deberían ser nuestra prioridad #1 ya que sin ellas nada es posible. Y no sólo eso. No sólo debemos disponer de ellas físicamente, debemos asegurarnos que las tenemos al 100%, y eso es disponer de personas que están satisfechas, orgullosas y felices de trabajar en nuestra empresa. Que sienten los colores, que trabajan como si la empresa fuera suya y que levantan bandera cuando algo no funciona como debería.
Pero la mayoría no tenemos eso. En muchas empresas podemos encontrar equipos desmotivados, equipos tóxicamente críticos, equipos cómodos, equipos agresivos, de todo.
Y los “jefes” nos quejamos de ellos y su comportamiento. No entendemos cómo se puede ser tan irresponsable y tener una mala actitud con quien te paga el sueldo. Nos indignamos y se lo decimos, y demasiadas veces montamos guerras abiertas entre el arriba y el abajo en fábricas y en todo tipo de organizaciones.
No hemos entendido nada.
Por qué los equipos no funcionan
La realidad es que cuando los equipos no funcionan acostumbra a ser por dos razones:
- Mal liderazgo o liderazgo insuficiente: eso es cosa de los jefes, queda claro, ¿verdad? Según Gallup sólo uno de cada cinco jefes tiene el liderazgo adecuado para conseguir cambiar el comportamiento de las personas en sus equipos.
- El sistema no funciona: la mayoría de las prácticas que componen el Management de hoy en día tienen entre 100 y 400 años de edad. No están pensadas para implicar, están pensadas para controlar y asegurar la máxima productividad.
Visto esto, ¿cuándo empezaremos a cambiar nosotros? ¿Cuándo haremos autocrítica y analizaremos estos dos elementos? ¿Cuándo dejaremos de quejarnos y de tratar a las personas como niños pequeños?
Define qué esperas de las personas
¿Y sabéis qué es lo peor? Que demasiadas empresas no han definido qué esperan de las personas. Ya no digo analizar si es posible conseguirlo sin cambiar nada, simplemente saber qué queremos y esperamos de todos.
Del mismo modo que cuando queremos invertir en nuestro crecimiento personal debemos escoger y vigilar qué comportamiento queremos promover y cuál debemos reducir, lo mismo debemos hacer en nuestra empresa.
¿Qué actitud o comportamiento es un MUST? ¿Qué quiero promover en el futuro de mi organización? ¿Qué busco y qué me aseguro de filtrar en las nuevas incorporaciones?
Mirad el MUST de una empresa, lo trabajamos hace pocas semanas:
“Queremos crear una organización donde las personas apuestan por su crecimiento continuado a través de un aumento de retos profesionales y de su capacidad de tomar riesgos en equipo”.
Evidentemente la siguiente cuestión es: ¿la empresa es coherente pidiendo esto? ¿Qué hay que cambiar para facilitarlo? ¿Somos los directivos promotores de esta nueva cultura o más bien somos anticuerpos activos?
Para pensar este verano… 😉
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Artículo publicado originalmente en LinkedIn.
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